Durante vuestros paseos por el Pirineo es probable que os encontréis con unos
grandes perros blancos que os impresionarán por su corpulencia. Son los perros
de protección de los rebaños, integrados en él y garantizando su defensa.
Su familia son las ovejas, dentro del redil el perro está constantemente en contacto
con ellas creando una relación entre el perro y las ovejas de confianza reciproca
y total aceptación. El perro de protección vive, duerme y come con el ganado.
Estos perros, al más antiguo auxiliar del pastor, llamados en la actualidad Perro
de Montaña de los Pirineos, formaban parte del patrimonio montañés pirenaico.
Utilizados hasta finales del siglo XIX, poco a poco han ido desapareciendo de
nuestras montañas y pastos paralelamente a la de los grandes predadores (oso,
lobo y lince) pero la proliferación de perros vagabundos, el retorno natural del
lobo y la reintroducción del oso en los Pirineos Centrales ha propiciado que vuelva
el interés por la función de estos perros.
Al contrario del perro de conducción, la misión del perro de protección de rebaños
no es la de conducir el ganado sino la de protegerlo contra los ataques de animales
salvajes y perros errantes. Marchan la mayoría del tiempo a la cabeza del ganado,
inspeccionando el terreno y creando una zona de protección que le permite anticiparse
a la aproximación de los intrusos.
Su arma es la disuasión, estos perros no son de ataque, con sólo su presencia
y su gran talla pueden evitar numerosas agresiones. La primera reacción del perro
de protección es ladrar para advertir al extranjero de su presencia, al mismo
tiempo se interpone entre sus protegidas y el peligro potencial, con los pelos
del cuello erizados y la cola levantada en espiral, en lo que llamamos "rueda
pirenaica".
Si los intrusos siguen su camino exterior al pasto, el perro los seguirá paralelamente
al camino, situándose siempre entre ellos y el rebaño. Su actitud no deja lugar
a dudas: ladrido continuo, cabeza alta mirando hacia arriba, cuello erizado, sin
mirar directamente a los paseantes para no crear una situación comprometida. Continuará
así hasta llegar al final de lo que considere su terreno de pasto, y se quedará
allí, hasta que los excursionistas se hayan marchado.
Si el intruso ignora esta advertencia o el predador es realmente agresivo, el
perro puede llegar entonces al contacto físico.
Si se encuentran con un Montaña cuidando su ganado, y se acerca a Uds. ladrando,
les puede impresionar. Si tal es el caso:
- MANTENGAN UN COMPORTAMIENTO TRANQUILO
- NO GRITEN
- NO LE TIREN PIEDRAS
- NO LO AMENACEN CON UN BASTÓN
El perro tomaría estas actitudes como una agresión.
LO QUE SI DEBEN HACER: retrocedan o continúen andando contorneando el ganado,
el perro les olerá, reconocerá a unos humanos, les acompañará un momento para
asegurarse de sus intenciones y, cuando no presenten un peligro, volverá al rebaño.
La educación de un Montaña de Protección requiere mucha paciencia y rigor
por parte de los criadores y ganaderos. Colaboremos con los pastores comprendiendo
a los Perros de Protección y respetando la labor que realizan.